Desde que la conocí en 1971, Valparaiso ocupa uno de los rincones más cálidos de mi memoria.
Su bella morfología es un primer argumento de peso. Josep Plà la vió así: El meyns que es pot dir de Valparaiso, segona ciutat del país i port de la capital, és que la seva situació es admirable. Hi ha una gran badia, de litoral deliciós i assequible, de corba bellísima, tancada per un amfiteatre de pujols de mitja altura que formen un perfil molt suau. La ciutat es produeix en el pla de la badia en una gran extensió, però, sens dubte perquè no s'hi acaba d'encabir, puja pels flancs dels pujols formant un conjunt d'una bellesa normal perfecta. La ciutat, encarada a ponent, davant del Pacífic, té uns matins en què la llum sembla fer-se esperar una mica, unes tardes de llum prodigiosa i madura i unes postes de sol sobre l'oceà d'una esplendor magnífica.( Josep Plà, "Un llarga viatge (1959-1960)"). No en vano, Valparaiso ha sido declarada patrimonio de la humanidad.
En segundo lugar, Valparaiso posee una profunda tradición marítima. Su bahía, cuando todavía no se había abierto el canal de Panamá, era el lugar donde recalaban las tripulaciones que habían doblado el Cabo de Hornos. Barcos y marineros se recuperaban de los malos tiempos que habían dejado por la popa. En sus calles del frente costero abundaban las agencias consignatarias, los almacenes de los provisionistas, las oficinas consulares, las estafetas de correos y telégrafos, los dispensarios en los que cambiar las curas provisionales por las definitivas, los restaurantes, las cantinas, los salones de baile,... En definitiva, Valparaiso era un gran puerto donde los hombres de mar podían hallar lo que necesitaran. Fueron miles, y de todas partes, los que pasaron por allí y cada uno de ellos contribuyó a formar el carácter de aquella ciudad. La obra resultó tan firme que mientras el hombre siga navegando Valparaiso será para él un puerto en el que merece la pena recalar.
En Valparaiso, además, pasé, sin solución de continuidad, de la negra noche franquista a la aurora de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende. En Valparaiso, respiré por primera vez los aires de la libertad.







El puente de mando es el centro neurálgico de un buque. En él se encuentran los instrumentos y mecanismos más importantes para realizar la navegación. Su situación ha de ser tal que permita observar el horizonte con claridad. Anexo al puente, se encuentra el cuarto de derrota donde se hallan las cartas de navegación, los derroteros, otras publicaciones de ayuda a la navegación y los cronómetros.

Los cuadros expuestos pertenecen a la Hispanic Society of America de Nueva York y, hasta ahora, no habían salido jamás de norteamérica.

