
Los orígenes de la navegación a vapor en Barcelona se remontan al año 1829. El 27 de noviembre , Juan Reynals presentó una solicitud para importar “un barco de vapor de nueva invención en España, impulsado con dos máquinas de baja presión y de 40 caballos cada una” . Los 3000 reales que pagó como derechos de importación son una buena muestra de la confianza que tenía en las posibilidades comerciales de los nuevos buques. Pero no estaba sólo. Al finalizar el primer tercio del siglo XIX, la Junta de Comercio de Barcelona era consciente, según manifestaba con sus respuestas a una encuesta del Ministerio de Fomento, de que el comercio de cabotaje podía mejorar mucho con la introducción de los buques de vapor. La presencia de buques de vapor franceses que, al socaire del denominado “pacto de familia” firmado entre los borbones, se dedicaban al cabotaje en nuestras costas eran una prueba irrefutable de las bondades de los navios de palas. Los viajes de acortarían de forma espectacular. Un velero podía tardar hasta veinte días en llegar a Palma en invierno mientras que un vapor no invertiría más de veinte horas. Los treinta días de la travesía a Cádiz se quedarían en cinco. Los quince días hasta Marsella se reducírían a treinta horas. Y el viaje a Valencia pasaría de ocho días a poco más de veinticinco horas. Es sabido que el comercio de cabotaje era complementario del de ultramar. No es de extrañar, por lo tanto, la coincidencia entre el interés por mejorar el cabotaje y el despegue de la construcción de veleros para la carrera americana .
Una disminución tan espectacular de las travesías convirtieron el comercio de cabotaje en un negocio supuestamente rentable. Sin embargo, la inversión inicial era mucho mayor que en un buque de vela y Reynals busco con quién asociarse. En 1833, se constituyó la Compañía Catalana de Vapor que asumió la culminació del proceso de adquisición del nuevo buque iniciado en 1829.
El nuevo buque de vapor arribó a Barcelona a finales de 1833 y fue bautizado como “Balear”. El primer buque de vapor con matrícula de Barcelona tenía 40 metros de eslora, 6,2 de manga y 3 de puntal. El caso era de madera forrado con planchas de cobre. Un aparejo de goleta y unas ruedas de palas eran sus medios de propulsión. Podía transportar un máximo de 40 pasajeros. Fue construido en los astilleros “Seddon & Lodley” de Liverpool.
El primer destino del “Balear” fue la linea entre Barcelona y Palma de Mallorca pero al cabo de unas semanas fue trasladado a la ruta entre el sur de Francia y Cádiz.
Las esperanzas de hacer negocio no se vieron colmadas. El balance del primer año arrojó unas pérdidas de 7.531 pesetas . También se contrajeron unas deudas con la Diputación por el impago de los alquileres de unos almacenes en el muelle .
La incorporación a la naviera de Joaquín Castañer supuso un aumento del capital que permitió superar el bache. Los nuevos recursos dieron para mucho. Se compró una mina de carbón en Mallorca. Se adquirieron dos nuevos buques, el “Mercurio” y el “Delfín”. Uno se destinó a la linea Cádiz-Marsella junto al “Balear”. El otro inauguró la conexión entre Barcelona y Tarragona. Por último, con el objeto de realizar el mantenimiento de aquella nueva flota, se adquirieron los talleres de la fundición “Nuevo Vulcano” situados en la calle Alegría de la Barceloneta.
Las Cortes promulgaron una Ley estableciendo la reserva del comercio de cabotaje para los buques con bandera española en julio de 1837. Con toda probabilidad, aquella disposición influyó en el ánimo de los propietarios de la Compañía Catalana de Vapor que no dudaron en dar los pasos necesarios hacia su consolidación definitiva. Cuatro años después, se constituyó “Navegación e Industria”. La nueva naviera se dotó de un capital de 1.800.000 pesetas dividido en acciones de 1.250 pesetas. Con el paso de las semanas, algunos de los miembros más destacados de la clase empresarial catalana se sumaron a la aventura: Clavé, Fontanella, Safont, Plandolit, Serra, Pascual,… . Y se compraron más buques: el “Villa de Madrid” en 1843 y el “Barcino” en 1845.
Luego vino la calma. Entre mayo de 1845 y julio de 1853, no se registro ningún nuevo buque de vapor en la matrícula de Barcelona.
Javier Moreno.