A los marinos nacidos con posterioridad a 1960, posiblemente las siglas UOMM no les dirán absolutamente nada. Sin embargo, la UOMM fue una organización que para muchos marinos supuso una luz de esperanza en el largo túnel del franquismo. Una luz falsa, un espejismo que acabó en amarga frustración. Ya desde sus orígenes, las ideas y la práctica de la Unión de Oficiales de la Marina Mercante Española constituyeron un compendio de las miserias que el franquismo arrojó a todas las organizaciones de trabajadores, obreros y profesionales.
En octubre de 1962, “al calor de la esperanzadora noticia de la creación del Sindicato Nacional de la Marina Mercante, un grupo de oficiales, algunos de paso o de vacaciones en Madrid y la mayoría estudiantes en las Academias de Marina Mercante y en la Escuela Oficial de Telecomunicación, se reunían en el local de los Grupos del Mar de FET y de las JONS de la calle Alcalá, para discutir de los problemas del sector”. La cita es de Emilio Ruiz Catarineu, "Historia de la fundación de la Unión de Oficiales de la Marina Mercante", artículo publicado en la revista "UOMM", número 0, enero-febrero de 1964; de ese artículo están tomadas todas las citas entrecomilladas, salvo indicación en contrario. El Sindicato Nacional de Marina Mercante, SNMM, nacido por escisión del Sindicato Nacional de Transportes y Comunicaciones, fue el último sindicato que se permitió la Central Nacional Sindicalista, CNS. Los Grupos del Mar, por su parte, eran los herederos de las llamadas Falanges del Mar, una organización de marinos falangistas cuyas únicas actuaciones conocidas fueron asistir a una audiencia con Franco el 20 de julio de 1955, seguida de una entrevista con el ministro secretario general del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta, y la publicación de una ardorosa revista patriótica y filo nazi a la que curiosamente llamaron “Derrotas”.
A pesar de que “habían sido muchos años de silencio, de aislamiento, de indiferencia, de escepticismo y no se podía pretender que aquellas profundas heridas se cerraran con un par de reuniones”, los objetivos del grupo de marinos quedaron claros en la primera decisión que tomaron: “pedir audiencia al Ministro Secretario General del Movimiento, Don José Solís Ruiz”, un andaluz más tarde conocido como la sonrisa del régimen, “porque queríamos darle las gracias por la creación del Sindicato”. Nada de incomodar al ministro con alguna petición. Ni hablar de exponerle problemas laborales y profesionales. Simplemente querían darle las gracias y ponerse a su disposición para lo que hiciera falta. Con tan sumisa voluntad, “sólo esperaban del ministro unas palabras amables, unos buenos deseos y las palmaditas en la espalda que no deben negarse a nadie”. Pero el ministro Solís, que “durante la entrevista rechazó todas las llamadas telefónicas que le solicitaban”, les soltó una de esas arengas cuarteleras plagada de sonoros términos (la patria, el imperio, la raza, la lucha...), para no decir nada. Sin embargo, el camarada Ruiz Catarineu, encarnación de la UOMM desde sus orígenes hasta el final en 1976, no tiene ningún rubor en escribir que “lo que el Ministro nos había dicho aquella mañana del 6 de noviembre de 1962 era precisamente lo que todos sentíamos”.
Algún problema debieron tener con los Grupos del Mar de FET y de las JONS -quizás por tanto apego a los pasillos ministeriales- para que el mismo grupo de oficiales, “a los que se unieron la mayoría de nuestros compañeros de la Reserva Naval destinados en la Subsecretaría y algunos compañeros que trabajaban en empresas marítimas o en otras actividades terrestres”, siguieran reuniéndose durante unas semanas “en los sótanos de una Casa Regional”, donde establecieron su primer cuartel general. Allí formaron la primera Junta Rectora Provisional de la UOMM: presidente, Manuel Álvarez de Linera; vicepresidente, Emilio Ruiz Catarineu; y Secretario, José Manuel Somavilla. Allí, con la colaboración del Asesor Jurídico Sindical, Manuel Lera García, estuvieron preparando, nada menos que “el Anteproyecto de Reglamento y el Organigrama de lo que nosotros pensábamos entonces que había de ser nuestro Sindicato Nacional de la Marina Mercante”.
“Así, trabajando continuamente, llegamos al día de la toma de posesión por el excelentísimo señor don José Luis de Azcárraga y Bustamante de la presidencia de nuestro Sindicato Nacional, en la Casa Sindical, el 29 de noviembre de 1962”. Por la tarde de ese día, el presidente nacional les invitó a asistir a la reunión que había convocado “con los vocales nacionales de marina mercante del Sindicato de Transportes y Comunicaciones”. ¡Qué reunión! “Aquella tarde nos explicamos la inoperancia y falta de autenticidad de la mayor parte de quienes decían haber representado durante tantos años a nuestra Marina Mercante en el seno del Sindicato de Transportes y Comunicaciones. Pues allí se llegó a preguntar al Presidente de nuestro Sindicato Nacional, señalando hacia toda la Oficialidad allí presente, que ¿quienes éramos? y ¿porqué estábamos allí?”.
Aquella reunión, un mazazo para la vanidad de Catarineu y adláteres, y la entrada del nuevo año 1963, que conllevó una drástica reducción del grupo inicial, produjo un gran desaliento. “Teníamos la impresión de que nuestros horizontes se alejaban, y que una niebla espesa y constante como en la mar, iba cerrando todos los caminos por los que nosotros entendíamos que debíamos seguir”.
No obstante, el 31 de enero de 1963, el presidente del Sindicato Nacional les convocó para comunicarles que consentía “aquella gran esperanza que tantos años habíamos soñado, nuestra primera agrupación profesional, la creación de la Unión de Oficiales de la Marina Mercante”. Añade Ruiz Catarineu una coletilla que en los años sucesivos repetirá hasta la saciedad, tanto en textos como en intervenciones públicas: en aquellos momentos estaban a punto de “abrirse para los marinos las puertas de la patria”. Traduciendo la florida prosa de Catarineu: ellos ya podían oler las prebendas del Estado. Para celebrarlo, previa invitación del secretario del Sindicato Nacional, se apuntaron a un cursillo de Formación y Acción Social, a pensión completa, en Cuelgamuros, Valle de los Caídos, del 18 al 27 de febrero. Aprovecharon el cursillo para preparar el primer borrador de los estatutos provisionales de la UOMM, que fueron luego aprobados en la I Asamblea Nacional y que nunca llegaron a ser oficialmente reconocidos por la autoridad competente, como era preceptivo. A pesar de lo mucho que porfiaron, la UOMM nunca estuvo oficialmente reconocida.
A la vuelta de Cuelgamuros, algunos marinos que abandonaron el cursillo antes de que éste finalizara se entrevistaron con José Luis de Azcárraga, presidente del SNMM, que designó una “Comisión especial o Junta Rectora” con la misión de preparar la creación formal de la Unión. Esa junta rectora provisional, designada el 25 de febrero de 1963, estaba formada por las siguientes personas: Álvarez de Linera, presidente; Ruiz Catarineu, Vicepresidente; José Manuel Sainz Gutierrez, Arturo Vázquez Andreu, Lino Iglesias Rodríguez, Juan Díez Gil, Manuel Gallego Cortés, Luis Gimeno Rubio, José Luis Díaz de Mier, José Antonio Luque Cosmen, Eugenio Yllán Gonzalez, José Manuel Somavilla Fernández, Jesús García Sanchidrián, Adolfo Tabares Montoya, Manuel Servert Irigoyen, Angel Calle García y Pablo Román Marlasca, vocales. De esos 17 nombres, sólo los seis primeros figuraban en la lista de los que se reunían tres meses antes, en noviembre de 1962. Desde sus inicios, la UOMM se caracterizó por quemar con gran celeridad las ilusiones que pudiera despertar. La Junta Directiva actualizada que se presentó ante la primera Asamblea Nacional, tan sólo ocho meses después de la designación de la Junta Provisional de 17 miembros, estaba formada por Álvarez de Linera, Ruiz Catarineu, Somavilla (Secretario), y Sainz Gutierrez y Díaz Gil, como vocales.
El aire sobón y oficialista de la UOMM se puso de manifiesto una vez más cuando el 8 de marzo solicitaron a la Central Nacional Sindicalista y a la Subsecretaría de la Marina Mercante la promulgación de una Orden que aprobara la constitución de la UOMM. A toda costa querían formar parte de la estructura del régimen, hasta el punto que “pidieron a ambos organismos que designaran unos delegados en nuestra Comisión provisional, en supervisión y garantía de los fines propuestos”, humillante petición que fue contestada con un olímpico silencio, no obstante lo cual el SNMM les prestó locales y apoyo logístico. Esa ayuda hizo posible que en abril, pero fechado el 20 de marzo de 1963, la Unión lanzara su primera comunicación a la flota, donde tras cantar las gestas fundacionales y dar los nombres de la junta rectora provisional, exponen sus curiosísimas “aspiraciones fundamentales”:
a) Crear en Madrid una residencia con biblioteca, bar, etc., donde puedan instalarse todos aquellos miembros de la Unión que estén haciendo algún curso.
b) Construir un buque-escuela para la mejor formación de los alumnos.
c) Creación, con la colaboración de la CNS, de una Cooperativa de Viviendas para los integrantes de la UOMM.
d) Fundación de Asesorías Jurídicas, aprovechando, además, las que la CNS pone a nuestra disposición para defender a los miembros de la Unión.
e) Participación directa de los derechos de la UOMM a todos los españoles que, navegando en buques extranjeros, posean la categoría de Oficial y se hallen asociados libremente a la UOMM.
f) Creación de un Colegio de Huérfanos y Becas para optar a estudios superiores.
g) Disposición de Sanatorio para afiliados con enfermedades que requieran reposo y cuyos pacientes cuenten únicamente con la asistencia médico-farmacéutica del Seguro de Enfermedad.
h) Instalación de una Gestoría que se encargue de los trámites de documentación de títulos, certificados y demás trámites administrativos.
i) Fundación de un Colegio Mayor para los hijos de los miembros de la Unión.
j) La Unión contará con un Boletín Informativo (...).
k) Estudio en su día de la conveniencia de crear una Mutua de carácter asistencial en sus formas de Vejez, Invalidez, Jubilación, Viudedad, Natalidad, Nupcialidad, etc., sin perjuicio de seguir obteniendo las que actualmente vienen prestando el Montepío Marítimo Nacional y el Seguro de Enfermedad.
l) Recabar del organismo pertinente la creación de una estación de radiotelegrafía y teléfono de onda corta, destinada a cursar y recibir de modo rápido y eficiente, cuantas noticias, circulares, etc., sean requeridas por y de la UOMM.
Pasemos por alto que la primera aspiración sea crear en Madrid una residencia para los socios de la UOMM. Y corramos también un tupido velo sobre el Sanatorio para tuberculosos pedido en el punto g). Absolutamente nada, ninguna aspiración fundamental, se hizo realidad. Años más tarde, negando la historia, resultará que las aspiraciones eran otras muy distintas. En 1976, a punto de extinguirse, la UOMM proclamó que su “aspiración fundamental” era conseguir un colegio profesional. Al parecer, las aspiraciones fundamentales que hemos visto sólo constituían un señuelo para recabar la adhesión. El panfleto terminaba pidiendo a los oficiales que mandaran sus datos personales al SNMM en el Paseo del Prado, 18-20, Madrid, para lo cual simplemente tenían que rellenar un breve cuestionario, en forma de plebiscito, incluido en el propio panfleto, con preguntas sonrojantes del tipo:
- ¿Acoges con entusiasmo la creación de la UOMM (...)? SI - NO
- ¿Crees que la creación de la UOMM redundará en beneficio de (...) la Oficialidad de la Marina Mercante? SI - NO
- Consideras oportuno y esencial que la UOMM sea económicamente fuerte (...)? SI - NO
Contestaron mil y pico, aproximadamente un cuatro por ciento de los titulados en activo, según los datos que ofreció José Manuel Somavilla en la asamblea de noviembre de 1963, lo que no dejaba de ser un resultado pobrísimo teniendo en cuenta los medios de que disponían.
Previendo tan escasa respuesta y que una circular pidiendo la adhesión, como escribe Ruiz Catarineu, “no puede borrar años y años de escepticismo” (24 años exactamente, y no de escepticismo, sino de terror), proyectaron tres viajes a la costa en plan de apostolado profesional, contando con el dinero y el apoyo del SNMM. Los viajes los realizaron Somavilla, Sainz y Tabares, a los que Catarineu calificaba como “nuestra fiel infantería”. El primer viaje a Gijón y Avilés; el segundo al Levante, desde Alicante a Barcelona; el tercero, a los puertos del norte y noroeste. Se trataba de llevar la buena nueva de la Unión, despertando el corporativismo de los marinos, en parte causado por su marginación laboral y profesional: “que fuera un marino mercante el que le dijera a su compañero que eran Marinos los que dirigían aquel esfuerzo de asociación profesional”.
Tras la circular y los viajes, llegaron a la UOMM algunas consultas y problemas laborales que “se limitaron a canalizar a través de los servicios jurídicos de nuestro Sindicato Nacional”. Ellos estaban para otra cosa. Empezaban a situarse y eran recibidos, siempre vestidos de impecable uniforme, en los despachos que ocupaban los jefes y oficiales de la armada que ostentaban puestos directivos en la subsecretaría de la marina mercante. Muchos “llevando ya con orgullo sus uniformes de Oficiales de la Marina Mercante española”, acudieron al I Congreso, el único celebrado por el Sindicato Nacional de la Marina Mercante, del 1 al 4 de mayo de 1963.
Tras ese congreso “vinieron tres meses de labor gris, solitaria y oscura” (probablemente no hubieron, en ese tiempo, fastos de uniforme por el medio), en que aquellos 17 de la junta rectora quedaron reducidos a un equipo pequeño. Después del verano, ese equipo pequeño se dedicó a preparar, previa autorización de los jerarcas del SNMM, la asamblea constituyente de la Unión, también llamada “I Asamblea Nacional de Oficiales de la Marina Mercante”, que quedó fijada para los días 8 y 9 de noviembre de 1963. Fue un exitazo. El artículo de Ruiz Catarineu en el número 0 de “UOMM” nada dice sobre objetivos, reivindicaciones, problemas que cabría esperar trataron los asambleístas. Nada. Relata, empero, con todo lujo de detalles, fotos incluidas, el acto ante el monumento a Colón, como homenaje “a todos los Marinos que supieron llevar con gloria el nombre de España por los mares del mundo”; la visita, “de agradecimiento como es natural”, al almirante Boado, subsecretario de la marina mercante; la audiencia con el almirante Nieto Antúnez, el entrañable Pedrolo, amigo del caudillo, “para expresarle nuestra consideración, nuestro afecto y nuestro agradecimiento”; y la visita al conde de Mayalde, alcalde de Madrid, “a quien le agradecimos su cooperación”. Siempre de uniforme, siempre mostrando gratitud, gratitud y fe, gratitud y adhesión.
Anticipándose a la asamblea tomaron “dos decisiones fundamentales”: proponer “al Caudillo la Presidencia de Honor de la UOMM” (que Franco aceptó porque para él “decir imperio es hablar de marina, de los marinos y de las cosas del mar”, según afirmó el editorial del boletín “UOMM” número 100, en 1972); y presentar a Ruiz Catarineu para presidir el tinglado, ante la negativa de Manuel Álvarez de Linera a continuar en el cargo. Álvarez de Linera fue honrado como Miembro de Honor de la UOMM, título que ostentó hasta 1976, cuando fue elevado a Presidente de Honor tras la prudente negativa del rey Juan Carlos I a suceder a Franco en este puesto, desoyendo la petición del tesonero camarada Ruiz Catarineu.
Juan Zamora Terrés