lunes, 25 de abril de 2011

Sin noticias del VEGA 5.

El 7 de enero pasado, hace ya tres meses y medio, publicamos en este blog un comentario sobre el secuestro del pesquero Vega 5, de bandera mozambicana (o mozambiqueña), con dos españoles entre la dotación, el patrón y el contramaestre. Desde entonces un espeso silencio se ha cernido sobre el secuestro. Callaos, nos piden, ni una palabra. Se negocia y cuanto más se hable más aumenta el precio del rescate, afirman. El silencio constituye una virtud fundamental entre las mafias, algo así como la disciplina en el ejército o el valor en la guerra, sostengo yo. Silencio impuesto, silencio cómplice.

Poco amigo del silencio y enemigo declarado de la desinformación -que los pusilánimes y algunos pancistas se esfuerzan en hacer pasar por discreción- estuve en Mozambique hace un par de semanas indagando sobre el caso. He aquí lo que saqué en claro.

1. Se confirma la hipótesis de un secuestro obra de mozambiqueños, tal como apuntábamos en el artículo citado. Los supuestos piratas somalíes serían en realidad antiguos combatientes de la larga y feroz guerra civil que asoló Mozambique entre 1976 y 1992. A las razones referidas hace tres meses (¿Pueden los somalíes recorrer 3000 millas náuticas? ¿Disponen de formación, naves y logística para una aventura semejante? ¿Tiene sentido tan largo viaje para conseguir un botín muy inferior al que pueden capturar frente a sus puertos de refugio?), añado ahora que la embajada española en Maputo, sin apearse de la versión oficial, la que persevera sin lógica alguna en que fueron los piratas somalíes, responde a las preguntas anteriores con una versión fantasiosa que ni ellos se creen: los piratas somalíes ya estaban en Mozambique y en efecto partieron de la costa de Beira. Esta última afirmación, obvia sin duda, confirmaría la autoría mozambiqueña del secuestro.
2. Pregunté también en la sede en Maputo de la Associaçâo Moçambicana para Assistência Social dos Desmobilizados de Guerra (Amodeg). Empezaron por decirme que ellos no sabían nada del “pesquero español” (todo el mundo hablaba del pesquero español, aunque en realidad ondeaba bandera mozambiqueña y pertenecía a una empresa de capital mixto hispano-mozambicano, Pescamar), pero en el transcurso de la conversación se extendieron en explicarme la terrible situación que viven los viejos combatientes, olvidados por todos, gobierno y oposición, muchos de ellos obligados a mendigar por las calles con sus muñones de guerra. Justamente estaban preparando grandes manifestaciones por todo el país para protestar contra el Estatuto do Combatente, un proyecto de ley preparado por el Gobierno que según Amodeg deja sin derechos a quienes no militaron en las fuerzas regulares, aproximadamente la mitad de los que lucharon en uno y otro bando. Vamos, que la Asociación estaba a punto de tirarse al monte. Me temo que a título personal habrá muchos excombatientes que ya han dado ese paso. Seguramente, admitieron mis interlocutores. No está de más recordar aquí que quien preside el Gobierno de Mozambique había sido general del ejército del Frelimo. Entonces, en la década de los ochenta del siglo pasado, estaba considerado como uno de los militares más toscos y feroces. Ahora ejerce de abuelo comprensivo con la corrupción que le rodea.
3. El pasado 21 de marzo, coincidiendo con mi estancia en Mozambique, las autoridades de Sofala, provincia a la que pertenece el puerto de Beira, liberaron a once pescadores malgaches que fueron detenidos días después de conocerse el secuestro del Vega 5 acusados de formar parte de los piratas autores del secuestro del “pesquero español”. Los malgaches, sin documentación y con un pesquero de menos de ocho metros de eslora sin ninguna identificación, alegaban haber sido objeto de un ataque de piratas que les habían robado las pocas pertenencias de valor que llevaban a bordo. Casi tres meses han tardado las autoridades en investigar los hechos y dar por buena la versión de los pescadores de Madagascar, detenidos mientras tanto en una prisión que convierte en un lujo la infernal cárcel turca que aparece en la película de Alan Parker “El expreso de medianoche”. De modo que oficialmente los malgaches fueron efectivamente atacados mientras pescaban en aguas del canal de Mozambique. En este caso ya nadie se atreve a imputar el delito a los piratas somalíes. Silencio.
4. En fecha indeterminada, probablemente entre finales de febrero y principios de marzo, la marina de guerra india hundió el pesquero Vega 5 y detuvo a sus tripulantes, entre ellos 13 mozambiqueños que formaron parte de la tripulación secuestrada del “pesquero español”. Por mucho que indagué me fue imposible saber la fecha exacta y las circunstancias del hundimiento del Vega 5. En cuanto a los trece tripulantes, en teoría rescatados, las autoridades indias aún no los han liberado. La sospecha de que formaban parte de la dotación pirata es demasiado evidente. En el momento del enfrentamiento entre el buque de guerra indio y el Vega 5, según pude deducir, el “pesquero español” estaba merodeando en aguas internacionales a la busca de alguna presa.
5. A los dos tripulantes españoles secuestrados se supone que los desembarcaron en un puerto de refugio somalí, donde permanecen a la espera de que alguien pague su rescate. Todo parece indicar que están vivos y en buen estado. Su liberación, dicen, es sólo una cuestión de paciencia y dinero. En cuanto a los tripulantes mozambiqueños del Vega 5 que no fueron hallados por la armada india, un número que unos cifran en cuatro y otros en nueve, nada se sabe y a nadie le importa. Las respuestas que obtuve cuando me interesaba por ellos iban desde una mirada condescendiente ante la ingenuidad de mi pregunta, hasta un encogimiento de hombros a veces acompañado de un irritado “y yo que sé si están muertos”.

La conclusión de esta historia supera el pesimismo de los comentarios que expuse en el artículo del 7 de enero pasado. Volvemos a la baja Edad Media. La piratería se extiende por los mares como consecuencia de la brutal desigualdad en la distribución de la riqueza y de las muchas armas que andan desparramadas por el mundo por mor de las guerras alimentadas por las potencias occidentales. Da miedo reconocer el fenómeno y por eso, al igual que sucede con otras parcelas de la realidad, se escamotea la información, o se tergiversa, o directamente se silencia. Los piratas somalíes constituyen para nuestros informativos una marca, un sello que acota y filtra la información, de forma que el problema parezca menor. Somalíes y nada más.

Para acabar, una petición alta y sentida. Paguen, por favor. Paguen el precio del rescate y acaben ya de jugar a los negociadores mientras dos marinos y sus familias sufren un duro calvario. Y déjense de silencios cómplices.

Juan Zamora Terrés